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PUBLICACIONES DEL MEDH
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Sobre los pueblos originarios en la Argentina.
Una base para entender la realidad que viven hoy los Pueblos Indígenas.
Artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional:
Corresponde al Congreso:
Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para su desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten: Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas facultades.
Hoy se consideran extinguidas 12 de las 23 etnias originarias de nuestro país.
Según un estudio de ENDEPA se estima que en la Argentina (aunque no se tienen datos oficiales) viven alrededor de un millón quinientos mil personas pertenecientes a diecisiete pueblos originarios, representando alrededor del 4 % de la población total, los aborígenes con mayor población son; los mapuches en la Patagonia, los kollas en Jujuy y Salta, y los tobas en el Chaco, Formosa y Santa Fe. Otros pueblos son los Wichís en el Chaco, Formosa y Salta; Guaraníes en Jujuy y Salta; Diaguitas Calchaquíes en Jujuy, Salta y Tucumán; Mocovíes en el Chaco y Santa Fe; Comechingones en Córdoba; Tehuelches en Chubut y Santa Cruz; Mbyá guaraníes en Misiones; Pilagás en Formosa; Chorotes en Salta; Chanés en Salta, en Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe; Charrúas en Entre Ríos, Tapietes en Salta; Chulupíes en Formosa y Salta; Onas en Tierra del Fuego.
Es importante tomar conciencia, que los pueblos originarios no se extinguieron solamente en el pasado, aun hoy continúan disminuyendo dramáticamente: Los jóvenes por ejemplo no se pueden quedar en sus tierras, sino que están obligados a emigrar a las ciudades, viviendo en condiciones infrahumanas de hacinamiento y marginación; los chicos terminan muriendo por desnutrición y otras enfermedades de la pobreza. Frente a esta situación, es imprescindible y urgente preguntarnos por los objetivos y la lógica del vigente sistema económico, social, político y cultural que produce esta realidad de destrucción y muerte de nuestras hermanas y hermanos originarios de estas tierras. Tenemos que revisar con una justificada sospecha crítica las declamaciones altisonantes y patrioteras de los políticos. Tenemos que ver y enfrentar la realidad que nos muestra, que el factor principal de la masacre de los pueblos aborígenes que se sigue perpetuando hasta hoy fue y sigue siendo la usurpación de las tierras y los bienes naturales que les pertenecen tanto por herencia como por derecho constitucional.
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos
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