Mensaje de Pascuas 2017

En este tiempo pascual les invitamos a mirar la cruz de nuestros templos. Esa cruz significa que Jesús, no se salvó a sí mismo, sino que llevó su confianza en el Dios Padre hasta el límite de su existencia. “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” (v. 45).  Y llevó su confianza en la humanidad  para traerle salvación, no en soledad sino a través de una vida en comunidad basada en el amor solidario.

Para éste propósito, Jesús tomó forma de esclavo, de siervo. (Leer Filipenses 2: 5-11). En otras palabras ocupa el lugar del ser humano al que se le niega la condición de tal. Pero no sufre la muerte del esclavo sumiso que fallece resignado bajo el látigo del amo. Sino que muere la muerte del esclavo rebelde, sufre la muerte del que no ha renunciado a ser protagonista de su vida. Al que no se le ha podido domesticar su espíritu, ni su corazón, ni su conciencia, ni su subjetividad, ni sus deseos y sueños de libertad, igualdad, justicia, paz, amor para toda la humanidad y la creación.

Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Sufre la muerte del que desobedece a los humanos que hacen el mal. El aparente fracasado de la historia se convierte en el lugar elegido por Dios. Es en la cruz donde se toca el poder imperial en su propio centro. En la cruda manifestación de su poder, de su arrogancia y de su inmisericordia.

El Dios caído y crucificado, despojado de su majestad, (kenosis) es una inversión de los valores, porque esa caída en ese despojamiento, Dios justifica a la víctima del poder puesto al servicio de la muerte. Mostrando que ese hombre Jesús en su plena divinidad es amigo de pecadores, marginados, excluidos, desamados…

¡Miremos la cruz!

Allí están las protestas sociales reprimidas y criminalizadas por querer un cambio en el modelo económico que priorice el trabajo y el salario digno para todos.
Allí está Milagro Sala como presa política y la doble vara de la justicia cooptada por la corrupción.
Allí están los Qom (tobas), mapuches y pueblos originarios despojados de su tierra y reprimidos.
Allí están los docentes y los alumnos que le dicen al gobierno que cumpla con la ley para que el conflicto de la educación pública se solucione y pueda haber continuidad en las clases y apertura de los comedores escolares.
Allí están, en la cruz, las mujeres violentadas, agredidas, muertas por varones que han perdido todo rastro de humanidad en una cultura machista y patriarcal que los alimenta y exacerba.
Allí están los jóvenes ‘ni – ni’ (ni trabaja, ni estudia) que sufren porque no ven futuro para sus vidas.
Allí, en la cruz, están los cirujas reciclados, los desocupados mayores de cincuenta y tantos, los trabajadores informales, los desocupados, los despedidos  y tantos pobres.

Es en la cruz  donde Jesús nos muestra el poder redentor del amor que es capaz de dar una nueva vida a la humanidad pecadora y confirmarla en la promesa de la vida eterna. San Juan 15:12-13

Les invitamos a realizar este ejercicio espiritual de mirar lo doloroso de nuestra existencia y luego descubrir en la esperanza de la resurrección de Jesucristo que hubo UNO, en la historia humana, SOLO UNO , humanidad y divinidad, que eligió no salvarse él mismo sino, a pesar de nuestras evidentes miserias, salvar a nosotros/as y a la creación entera.

Obispo Mons. Carlos José Tissera   Pastor Carlos Duarte  Pastor Dr. Fernando Suárez
Co-presidentes del MEDH

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